American Petroleum Institute (API)

Nominado por organizar una campaña con supuestas organizaciones de base, práctica conocida en inglés como “Astroturfing o astroturf”, contra los Proyectos de Ley del Clima de Estados Unidos. En agosto de 2009 un documento filtrado de API reveló que la institución había invitado a sus miembros a asistir a varias manifestaciones en 20 estados claves del país, para generar la impresión de un mar de fondo de organizaciones de base opuestas a la legislación del clima.

El Instituto Estadounidense del Petróleo (American Petroleum Institute) es la principal organización de cabildeo de la industria petrolera en Estados Unidos. Reúne 400 compañías y abarca todo el espectro de la industria del gas y el petróleo, desde las empresas más grandes a las empresas independientes más pequeñas.

API tiene un historial de cabildeo contra la legislación sobre cambio climático. Ya en 1998, esta organización había proyectado desarrollar una campaña contra el Protocolo de Kioto, según se pudo saber en ese momento gracias a la filtración de un memorandum interno: “Alcanzaremos la victoria cuando... los medios entiendan (reconozcan) las incertidumbres de la ciencia del clima... quienes promueven el Tratado de Kioto sobre la base de la exactitud de la ciencia parecen estar fuera de la realidad”.

API ha estado haciendo cabildeo vehementemente en contra de la legislación del clima aprobada recientemente por el Congreso estadounidense: la Ley de Seguridad y Energía Limpia de 2009, conocida también como el Proyecto de Ley Waxman-Markey por el nombre de sus autores. Esta ley fue aprobada por la Cámara baja en junio de 2009. Es la primera que se aprueba en el Congreso una ley cuyo objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En lo que va de 2009, API ha invertido más de 4,1 millones de dólares en su campaña de cabildeo político, en gran parte destinada a intentar frenar la aprobación de esta Ley. Su sanción en el Congreso generó gran malestar en la organización. “Esta ley costará a los estadounidenses miles de millones de dólares en aumento de costos, destruirá puestos de trabajo y no traerá los beneficios ambientales que promete” declaró Jack Gerard, Presidente de API. “Tenemos esperanzas de que el Senado elabore una ley que no perjudique la economía e incorpore un enfoque más equilibrado hacia los combustibles para el transporte y el gas natural”.

Es fácil ver porqué API estaba tan preocupado. Tal como lo plantea la editorial del New York Times: “Lo que probablemente preocupe a las compañías petroleras es que la gente y las industrias van a consumir menos sus productos a medida que aparezcan alternativas y los consumidores se vuelvan más eficientes en el uso de la energía. Pero, ¿no es precisamente ése el objetivo que perseguimos?”

De ahí entonces, la campaña artificial de API denominada “Energy Citizen” (Ciudadano de la Energía) que la organización llevó adelante durante el receso de verano del Congreso. La misma estaba dirigida especialmente a los políticos clave del Senado, en donde estaba pendiente el debate, y, potencialmente, la aprobación de una Ley del Clima similar al Proyecto Waxman Markey. La ley del Senado se conoce como el Proyecto Kerry-Boxer por los dos senadores que la promovieron.

El “astroturf” es una técnica de relaciones públicas y cabildeo, que consiste en que una organización como API crea un movimiento de base, para dar la falsa impresión de que existe un movimiento popular en contra de un proyecto de ley o de una propuesta de regulación.

Las grandes empresas tienen un historial de crear grupos de “astroturf” utilizando el término “ciudadano” en su denominación, tal el caso de la Global Climate Coalition (la Coalición Global por el Clima creada por una compañía petrolera) y Citizens for the Environment (Ciudadanos por el Medio Ambiente, organización de empresarios contrarios a la ley de aire limpio). El público confiado no advierte la mano sucia de las grandes empresas petroleras detrás de estas campañas, y ve simplemente a gente común.

API propuso una serie de manifestaciones en todo el país con la participación de miembros de su personal que pretendían ser ciudadanos comunes. Según un memo filtrado de API, el objetivo de estas manifestaciones era “ponerle rostro humano a los impactos de una política de energía defectuosa y generar un mensaje fuerte para los senadores estadounideneses de esos estados, para que eviten los errores incorporados al proyecto de Ley del Clima de la Cámara, así como los incrementos tributarios de la Administración Obama que afectan a nuestra industria”. De esta forma, el público ve a trabajadores que luchan por sus puestos de trabajo, y no a las grandes empresas petroleras luchando contra la legislación del clima.

En ese mismo memo filtrado, el Presidente de API Gerard da cuenta de la efectividad de esta campaña alarmista para cambiar la opinión pública: “Nuestros mensajes sobre la legislación del tipo del proyecto Waxman-Markey han funcionado muy bien y resultan muy persuasivos, tanto entre el público en general como entre quienes tienen influencia en las políticas. Después de oir que una ley del tipo de la de Waxman Markey podría aumentar los costos de la gasolina a unos US$4 y conducir a una pérdida significativa de puestos de trabajo, estas audiencias modificaron significativamente su opinión sobre el proyecto de ley”.

Esta cifra de US$4 por galón de gasolina, utilizada para alarmar al público, fue calculada por la Heritage Foundation, una institución financiada por Exxon. La misma pronosticó que el precio de la gasolina aumentaría a “US$4 para el 2035”. API omitió oportunamente la fecha de 2035. También ignoró las cifras de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, que muestran que el costo total del Proyecto de Ley se situaría en realidad entre los 22 y los 30 centavos de dólar por día, o dicho de otro modo, por debajo de los 100 dólares por año.

API eligió las ciudades donde realizar las manifestaciones con sumo cuidado. Abarcaron los 20 estados y distritos locales de los Congresistas que ganaron en circunscripciones reñidas y los estados de los Senadores cuyos votos eran clave para la aprobación del proyecto de ley en el Senado.

Los miembros de API incluyen a compañías que públicamente sostienen que se preocupan por el cambio climático como Shell y BP. Shell se desvinculó expresamente de la campaña aunque también declaró que sus empleados eran libre s de participar en las manifestaciones. BP también declaró su apoyo al proyecto Waxman Markey. Pero ninguna de las dos empresas parece haber hecho nada para disuadir a API de sus planes.

No obstante, la campaña de API contra la ley se volcó en su contra cuando llegó a conocimiento de Greenpeace el documento interno, que se filtró fuera de la institución a pesar de que el Presidente de API Jack Gerard había recalcado en el mismo: “Por favor traten esta información como información sensible, no queremos que nuestro plan de juego sea conocido por quienes nos cuestionan”.

De todos modos, el sitio web de Energy Citizens sigue haciendo campaña contra la aprobación de la legislación del clima en el Senado, con el argumento de que se trata de “un nuevo gran impuesto a la energía que deberán pagar los agricultores, los camioneros, las pequeñas empresas y las familias estadounidenses” que “pone en peligro a millones de puestos de trabajo en Estados Unidos”.

En la sección “quiénes somos” (“About”) del sitio web, todavía se sostiene que “Ciudadanos de la energía es una alianza nacional de organizaciones y personas, cuyo objetivo es reunir a gente de todo Estados Unidos para recordarle al Congreso que la energía es la médula de la economía de nuestra nación y de nuestra forma de vida”.

En ninguna parte dice que es una campaña artificial dirigida por API. Un indicio del involucramiento de API es que la dirección postal de Energy Citizen es la misma que la de API.