International Air Transport Association (IATA)

Nominada por liderar las acciones de cabildeo de las principales líneas aéreas contra la legislación sobre el clima y por asumir compromisos de reducción de emisiones engañosos e “insignificantes”.

Antecedentes

La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA por su sigla en inglés) es la principal organización de cabildeo representante de las empresas de transporte aéreo internacional. Entre sus miembros se encuentran las principales líneas aéreas de larga distancia, como American Airlines, British Airways, Cathay Pacific, KLM, Lufthansa, Qantas y United Airlines.

Durante más de una década IATA ha liderado los esfuerzos de la industria contra las medidas regulatorias sobre cambio climático. La estrategia de Relaciones Públicas de IATA ha apuntado a dos objetivos, enormes cantidades maquillaje verde1 y una manipulación descarada de los impactos ecológicos. Su mensaje ha sido calificado por la organización de vigilancia del sector, Transport and Environment (T&E), “como casi siempre 100% ajeno a la verdad”.

IATA ha ejercido presión sobre los políticos argumentando que la industria del transporte aéreo es parte de la solución al cambio climático y no del problema. Su campaña de cabildeo se intensificó en diciembre de 2005, cuando el directorio de IATA suscribió una estrategia para abordar el problema del cambio climático que abarcaba gran parte de la industria. Esta estrategia plantea como soluciones la incorporación de tecnologías verdes y los cambios en la infraestructura, en lugar de la introducción de impuestos a los combustibles o a las emisiones. El concepto de frenar el rápido crecimiento de la industria no está en ningún momento en discusión.

Desde entonces, IATA ha argumentado reiteradamente que la “tecnología es la clave” para resolver el cambio climático. Para respaldar esta afirmación, sostiene que las “aeronaves que ingresan a las flotas hoy son 70% más eficientes en el uso de combustible que hace 40 años”. Sin embargo, un análisis llevado a cabo por el Laboratorio Nacional Aeroespacial de Holanda para T&E descubrió que “los aviones comerciales de pasajeros de hoy no son más eficientes en el uso del combustible que sus equivalentes de hace cincuenta años, y que la afirmación de la industria de una mejora del 70% en la eficiencia en el consumo de combustibles es falsa”.

IATA también le ha restado importancia en reiteradas ocasiones al papel que le corresponde a la aviación en la generación del cambio climático, argumentando que “El transporte aéreo contribuye una pequeña porción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2): 2%.” En realidad, T&E señala que la cifra del 2% “era cierta en 1992”, pero que daba cuenta “solamente de las emisiones de CO2”.

A IATA le gusta hablar solamente del CO2 y omite mencionar el impacto sobre el calentamiento global de las emisiones de óxido de nitrógeno, de las nubes cirrus y las estelas de condensación –todas generadas por la aviación- cuyos impactos son entre dos y cinco veces mayores que los del CO2. En un informe desmitificador de T&E se sostiene que “La contribución de la aviación al cambio climático se sitúa hoy entre el 4 y el 9% a nivel mundial y entre un 5 y un 12% en la UE”.

En un documento de cabildeo de IATA se llega a sostener que, a pesar de toda la evidencia de que las aeronaves son la fuente de emisiones de gases de efecto invernadero que crece a mayor velocidad: “el transporte aéreo contribuye a la estabilización de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera al aumentar continuamente su eficiencia en el uso de combustible y en materia de carbono”. [énfasis agregado]

El cabildeo para socavar los programas de la UE tendientes a enfrentar el cambio climático

IATA ha liderado el cabildeo y las campañas publicitarias de la industria para excluir a la aviación del Sistema de Comercio de Emisiones (Emission Trading Scheme) de la UE, uno de los mecanismos claves para la reducción de emisiones en Europa. Ha sido acusada por la ONG Corporate Europe Observatory de hacer campaña “para combatir o secuestrar el sistema a favor de sus propios intereses”. Por ejemplo, en junio de 2008, en el mismo momento en que las negociaciones políticas del sistema alcanzaron su punto más crítico, IATA destinó €80.000 a un aviso publicitario de página completa en el International Herald Tribune, en el cual se exhortaba a los políticos a “poner fin a los planes para castigar a las aereolíneas y a los pasajeros con un Sistema de Comercio de Emisiones que solamente servirá para desatar una ola de batallas legales”.

IATA en efecto alentó causas legales contra el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE. En agosto de 2008, su director general Giovanni Bisignani instó al gobierno Australiano a cuestionar jurídicamente la movida europea de incorporar a la aviación al ETS europeo, calificándola de “unilateral e ilegal”. “¿Qué derecho tiene Europa, por ejemplo, a gravar un avión australiano que viaja entre Asia y Europa por las emisiones realizadas sobre Afganistán?” declaró.

Adelantándose a Copenhague

IATA ha estado trabajando en una propuesta para adelantarse a intentos de incluir a la aviación en la conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático que tendrá lugar en Copenhague en diciembre de 2009. La industria está aterrorizada de ser señalada durante las negociaciones, debido a que los científicos y los políticos están cada vez más preocupados por el aumento de las emisiones de las aeronaves, que se prevé se cuadruplicarán si no se las controla adecuadamente.

IATA dio un golpe anticipado en septiembre de 2009 en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Nueva York cuando el Director Ejecutivo de British Airways, Willie Walsh, anunció que la industria de la aviación reduciría sus emisiones de carbono al 50% respecto de los niveles del 2005 para el año 2050. El anuncio tenía el objetivo de minar la regulación de la industria en las negociaciones del clima de diciembre.

El anuncio de Willie Walsh fue recibido con escepticismo por los grupos ambientalistas y la prensa. Greenpeace lo definió como “apenas algo más que un truco elaborado, cuyo objetivo es hacerle creer al mundo que la industria de transporte aéreo se toma en serio el cambio climático, mientras sigue con sus negocios como de costumbre”. The Times informó que el objetivo era “acallar los llamados a nuevos impuestos para la aviación y las críticas sobre la falta de diligencia que han mostrado en la lucha contra el cambio climático”.

Más aún, cuando los analistas de la industria analizaron las cifras, descubrieron que las mismas eran erróneas: La Aviation Environment Foundation (AEF) con sede en el Reino Unido, sostuvo que Walsh habló de recortes “netos” que no es lo mismo que recortes reales. Esto le permite a la industria usar el comercio de emisiones y las compensaciones de carbono para crear la impresión de que existen reducciones de CO2, dos modalidades que son crecientemente percibidas como soluciones fallidas. Aparentemente, IATA habría considerado una reducción absoluta del 50% pero llegó a la conclusión de que no sería alcanzable.

Reducir las emisiones netas de CO2 en un 50% para el 2050 (en comparación a los niveles de 2005) es en realidad bastante menos ambicioso que las metas que se proponen para otros sectores. Los países del G8 han acordado recortes del 80%. Esto significa que otros sectores deberán reducir sus emisiones incluso más del 80% para compensar la diferencia.

La movida fue criticada incluso dentro de la propia industria, la empresa de transporte de bajo costo, Easy Jet, que no es miembro de IATA, había respaldado la reducción del 50% pero declaró que “En vez de usar compensaciones y comprar los permisos de emisiones a otros sectores, deberíamos reducir las emisiones absolutas”.

Finalmente, tal como lo señala T&E, el anuncio es en realidad “insignificante “ya que la meta para el 2050 se plantea siempre exclusivamente como una “aspiración”.